Mariano a dos salvados de los 600 y a cuatro de ser un mito

Redacción
07 de septiembre 2011 - 00:00

El panameño Mariano Rivera sigue un paso fenomenal de cara a su récord de los 602 salvados. El criollo se encuentra a dos salvamentos de los 600, a tres de empatar el récord de Trevor Hoffman y cuatro de convertirse en un mito. En el último partido ante los Orioles de Baltimore, que terminó en esta madrugada, los Yankees, vencieron 5-3 y el panameño lanzó la novena entrada para adjudicarse el salvamento 39 de la campaña y el 598 de por vida. Rivera entró a relevar a Robertson. El primero que se enfrentó, Davis, llegó a salvo en primera por error de Teixeira. Andino falló con línea al jardín central para el primer out, luego Reimold se ponchó tirándole y cerró J.J. Hardy, quien falló con rodado al lanzador. Tomado de la web de los Yankees: Jorge Posada no recuerda qué le dijo a Mariano Rivera en la primera reunión de ambos, pero al veterano boricua no se le olvida el momento en que vio lo que es uno de los pitcheos más venerados y temidos del béisbol. Fue 1994. Posada y el derecho panameño se encontraba con los Clippers de Columbus, sucursal de Triple-A de los Yankees en ese momento. El club se medía al equipo de Triple-A de los Expos de Montreal. Rivera dominó a los buenos prospectos de los Expos y la impresión inicial que se llevó Posada no ha cambiado en todos estos años. "Desde aquel día dije que este muchacho iba a ser bastante bueno en Grandes Ligas", expresó Posada. "Hubo algo extra en esa recta que nadie más tenía, la vida que tenía saliendo de su mano, cómo era él. Todo lo que ha hecho aquí (arriba), lo hizo allí (en liga menor)." Al acercarse Rivera a los 600 salvamentos de por vida y al récord de todos los tiempos (601) de Trevor Hoffman, ya se ha visto la mayor parte del éxito del istmeño en la Gran Carpa. Es prácticamente seguro que superará a Hoffman como líder de todos los tiempos, ya que ahora mismo lleva 597 y le queda un año de contrato con los Yankees. "Es el mejor de la historia. Digo lo mismo una que otra vez, y suena monótono cada vez que hablo de Mo, pero es la verdad", dijo Posada. "No hay nadie que vaya a acercarse a lo que ha logrado, porque no hay nadie mejor. Es así de sencillo." El manager de los Yankees, Joe Girardi, utilizó una sola palabra al realizar una sesión del bullpen con Rivera en los entrenamientos de 1996, cuando era cátcher del equipo: "Wow." "Nunca había escuchado nada de él", dijo Girardi, quien acababa de unirse a los Yankees al ser cambiado por Colorado. "Había estado en la Liga Nacional toda mi vida, entonces me dije, "¿quién es este muchacho?". Luego empezó como (David Robertson)-se encargó primero del sexto inning, luego el séptimo y a veces el octavo. Pero fue bien dominante." Girardi dijo que era "bien divertido" recibir los envíos de Rivera, quien hizo fácil el trabajo de los cátchers, sobre todo al principio. Con Rivera ocupando el puesto del preparador del cerrador John Wetteland en aquella temporada en que Nueva York ganó la Serie Mundial, los receptores del equipo sólo tenían que indicar una localización y esperar que el panameño diera en el blanco con su recta cortada, según Girardi. Pronto estarían de regreso en el dugout. "Podía elevarla a su antojo, conseguía muchos strikes en la parte alta de la zona y los zurdos no podían dar batazos en territorio bueno frente a él...si es que hacían contacto", recordó Girardi. "Recuerdo una vez que (el cubano) Rafael Palmeiro dijo, "No sé por qué me mandan (al plato). Por el único lado que le puedo dar bien es a territorio foul." Y estamos hablando de uno de los mejores bateadores que vimos en nuestra generación. Era así de bueno su material." Se tomó un tiempo para que el resto de la Liga Americana conociera la calidad de Rivera, Y hasta los mismos integrantes de los Yankees se confundieron con algunas cosas al principio. "Teníamos diferentes señas para diferentes localizaciones", contó Girardi. "Mike Figga entró a un partido y Mo le dijo, "Uno, dos, muévelo (el dedo)", lo que fuera. Movió el dedo y Mo le tiró una recha y pasó así (a Figga). Mo no le dijo lo que significaba todo eso." Para el momento en que Posada se adueñó de la receptoría titular en 1998, ya se sabía del dominio de Rivera. Con el pasar de los años, el istmeño agregó un sínker, y Posada de sentía tranquilo cada vez que entraba al juego el número 42. "Él hizo que mi trabajo fuera más fácil, de verdad que sí", afirmó Posada. "Era un lanzador de dos pitcheos, y se trataba más de localización que cualquier otra cosa. Todo era muy sencillo para mí. Recta cortada, sínker, asegurarnos de que la localización estuviera ahí...y trabajar." Tal vez lo más impresionante del talento de Rivera sea su fortaleza mental. Para Posada, hay "algo diferente con Mariano" a cualquier otro pitcher. Aun en el mayor escenario del béisbol, la Serie Mundial del 2001, Rivera aceptó la derrota con un tono filosófico. Pero no siempre fue así, como lo vio Girardi en los playoffs de 1997, cuando un jonrón del boricua Sandy Alomar Jr. hundió a los Yankees. "Creo que el partido más difícil que vi para él fue ese juego el Cleveland", dijo Girardi. "Era su primer año como cerrador. Estaba desencantado. Creo que él pensaba que había decepcionado al equipo, y como jugador nunca quieres hacer eso. A veces el que peor se siente es el que tiene la bola en sus manos de último." Esa versión de Rivera no es necesariamente el que ha visto Russell Martin, quien está en su primera temporada como cátcher de los Yankees. Lo único que ha sorprendido a Martin es que Rivera aún no llega a los 600 rescates de por vida. "Es bastante impresionante", dijo Martin. "Demuestra su ética de trabajo, el mantenerse en buena forma y también su mente-nunca lo ves perder el enfoque y eso es más increíble que cualquier otra cosa. Su habilidad de enfocarse en situaciones difíciles desde el primer día." Cuando los Yankees llegaron a los entrenamientos del 2011, hubo sólo dos jugadores para los que no hubo que tomarle la medida nuevamente para sus uniformes: Derek Jeter y Rivera. Eso habla bien del enfoque de Rivera, según Posada. "Él trabaja. Su cuerpo es el mismo desde que lo conozco", dijo Posada. "Eso te dice lo mucho que trabaja. Su mecánica y su forma de soltar la bola están bien y no ha cambiado. Nunca cambiará nada de eso, obviamente, porque es algo perfecto."

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